Chiara

Una hora basta para cruzar Chiara de este a oeste y de norte a sur. Sin embargo, toda una vida no sería suficiente para describir con detalle cada fachada de sus ricas basílicas, cada escaparate de sus focaccerias, cada rincón de las murallas que acotan su verde silueta pentagonal.

El corazón de la ciudad es un óvalo amarillo que mantiene la antigua forma elíptica de un anfiteatro, como tiempo injertado en otro tiempo. En él palpitan las conversaciones y se enmarañan los saludos incluso a la hora de la siesta.

Cierto poeta nacido por azar en la lejana Alejandría le cantó así a Chiara en algunos de sus últimos versos: “La ciudad tiene un movimiento timorato y fanático. / Entre estas murallas únicamente se está de paso. / Aquí la meta es partir”. Como si Italo también tuviese que cumplir esta sentencia, aunque le gustaría, no puede demorar más su estancia en Chiara y continua su viaje hacia un nuevo destino.