Confín y nexo, Clodia se deshace en el embudo de las olas del que no muy lejos de allí nombran Јадранско море, una masa alargada por la que se han deslizado civilizaciones y estandartes.
Aquí murió el protegido de Mecenas y maestro del Dante, que lo tomó como guía.
Hasta Clodia llegaban los caminos más viejos. Y hasta aquí han llegado los caminos que recorren todo el mundo de Italo, los caminos del Cielo, el Purgatorio y el Infierno.
Pero, como él mismo ha aprendido y nos ha enseñado a lo largo de su trayecto, todo viaje es interior y, así, infinito. Y como dejó escrito el otro Italo, "el infierno de los vivos no es algo por venir, hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos estando juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacer que dure, y dejarle espacio".