Rita es Trieste, ciudad del norte de Italia, en la región de Friuli-Venecia Julia. Es legendaria la fuerza con la que soplan los vientos en ella, especialmente el Bora. Y hay muchos testimonios literarios sobre el mismo, como por ejemplo una famosa carta de Stendhal a la princesa Katerina Kippenberg.

Además de Rilke, muchos otros escritores han pasado largas temporadas en Trieste o han estado vinculados a la ciudad por su nacimiento o por otras razones. Entre ellos, James Joyce, que trabajó como profesor de inglés en la academia Berlitz de la ciudad en los primeros años del siglo XX. Allí trabó amistad con Italo Svevo, escritor triestino de origen judío que al parecer le contó numerosos detalles sobre la cultura hebrea que aparecen luego reflejados en su Ulises. Joyce tiene una escultura en bronce en Ponterosso, en el Canal Grande de Siena.

Desde su fundación en el siglo II a. C., Trieste ha sido uno de los puertos más importantes del Adriático y un enclave codiciado por distintos imperios: tras la caída de Roma, fue conquistada por los bizantinos y los francos, hasta declararse ciudad libre en el siglo XII y pasar luego a formar parte de Austria y del Imperio austrohúngaro, desde 1382 hasta el final de la Primera Guerra Mundial.

Entre sus monumentos más conocidos, está el Castillo de Miramare, a orillas del Adriático, construido en el siglo XIX por el archiduque Maximiliano de Habsburgo, que recibió allí la propuesta de los monarquistas mexicanos de que se convirtiera en Maximiliano I de México, asumiendo el primer (y único) trono del llamado Segundo Imperio Mexicano.

En este viaje, Trieste se llama Rita, en recuerdo y homenaje de Rita Rosani (nacida Rita Rosental), partisana triestina asesinada en septiembre de 1944.